Hay quien espera que, con el fresco, la piel grasa se calme sola. A veces pasa, pero muchas veces ocurre lo contrario: el cambio de temperatura, la calefacción que empieza a encenderse y el paso del verano al ritmo del curso hacen que la piel se desajuste y aparezcan brillos, poros más visibles e imperfecciones.
La limpieza es el paso que más influye en cómo se comporta una piel grasa, y también el que más se hace mal.
Por qué la piel grasa se desajusta en otoño
Durante el verano, el sol puede dar la sensación de que la piel está mejor: seca los granitos y el bronceado disimula las marcas. Pero también engrosa la capa más superficial de la piel, y eso favorece que los poros se obstruyan. Por eso es frecuente que, semanas después de las vacaciones, reaparezcan las imperfecciones.
A esto se suma el cambio de hábitos: más horas en interiores, ambientes secos y, a menudo, una rutina que se abandonó en agosto y cuesta retomar.
El error más común: limpiar demasiado
Cuando la piel brilla, la tentación es lavarla muchas veces y con productos que la dejen tirante. Es contraproducente. Una limpieza agresiva altera la barrera de la piel, la deshidrata y puede hacer que se note todavía más grasa al cabo de unas horas.
La pauta general es sencilla:
- Dos veces al día, mañana y noche, es suficiente para la mayoría.
- Agua templada, ni muy caliente ni muy fría.
- Secar a toquecitos, sin frotar, y con una toalla limpia.
Qué buscar en un limpiador para piel grasa
No hace falta un limpiador que «arranque» la grasa. Lo que interesa es uno que retire bien el sebo, la suciedad y el maquillaje, y que además ayude a mantener los poros despejados.
Algunos ingredientes habituales en este tipo de productos son:
- Ácido salicílico, que penetra en el poro y ayuda a eliminar las impurezas.
- Ácidos exfoliantes suaves (AHA, BHA y PHA), que ayudan a retirar las células muertas de la superficie.
Un ejemplo es el gel limpiador Eucerin Dermopure Triple Effect, formulado para pieles con tendencia acneica, con ácido salicílico al 2 % y un complejo de ácidos AHA, BHA y PHA. Está pensado para usarse como primer paso de la rutina, dos veces al día.
Si nunca has usado ácidos, empieza con calma y observa cómo responde tu piel. Si notas escozor o rojeces que no desaparecen, espacia el uso y consúltanos.
Después de limpiar: no te saltes la hidratación
Es otro error muy extendido: pensar que la piel grasa no necesita crema. La necesita, solo que con texturas ligeras, tipo gel o fluido, y fórmulas que no obstruyan los poros (las que se indican como «no comedogénicas»).
Una piel bien hidratada suele producir menos sensación de brillo que una piel deshidratada que intenta compensar.
Pequeños hábitos que ayudan
- Desmaquillarse siempre por la noche, aunque se llegue tarde.
- Cambiar la funda de la almohada con frecuencia.
- Limpiar la pantalla del móvil, que está en contacto con la cara muchas veces al día.
- No tocar ni apretar los granos: es la forma más rápida de que quede marca.
- Mantener la protección solar de día, en textura ligera, sobre todo si usas ácidos.
Cuándo consultar
La cosmética ayuda a controlar los brillos y las imperfecciones leves. Pero si tienes granos inflamados y dolorosos, lesiones que dejan cicatriz o el problema no mejora después de varias semanas de rutina constante, conviene consultarlo con el médico o el dermatólogo, que valorará si hace falta un tratamiento.
En la farmacia tienes a tu disposición toda la sección de dermocosmética y cuidado facial, y podemos ayudarte a montar una rutina sencilla adaptada a tu piel.
Te ayudamos a elegir
Cada piel y cada persona son distintas, y lo que le va bien a alguien no tiene por qué irte bien a ti. Si tienes dudas sobre qué producto encaja con tu caso, pásate por la farmacia o escríbenos: te atendemos sin compromiso y te orientamos con criterio.
Este artículo tiene una finalidad informativa y no sustituye la consulta con tu médico o tu farmacéutico. Si los síntomas persisten o empeoran, consulta con un profesional sanitario.
